Descubrí hace poco la razón por la que siempre me han llamado la atención las prostitutas
Descubrí hace poco la razón por la que siempre me han llamado la atención las prostitutas
Escrito por la Beatriz
Descubrí hace poco la razón por la que siempre me han llamado la atención las prostitutas. Hay gente en la calle, en la ciudad, que ves y no notas, que simplemente no te llaman la atención. Sin embargo, hay otras personas que notas inmediatamente, que incluso observas disimuladamente porque te intrigan. A veces sabes por qué, la mayor parte de las veces no lo sabes. A mí siempre me han llamado la atención las prostitutas. Y siempre con pena. No les creo lo vistoso de sus ropas, lo recargado de su maquillaje, lo estridente de su risa como prueba de que están bien. Percibo algo trágico, profundamente triste detrás de todo eso.
He estado conversando con una amiga con la que no me habìa contactado en años. Al contarnos mutuamente nuestras vidas, salió el tema: mi amiga habìa pasado por la prostituciòn. De esa forma empecè un viajejunto con ella, un viaje en el que ella recordaba su experiencia y yo me ponía en contacto con el tema de la violencia sexual, algo que nunca he vivido personalmente, pero que siempre me ha hecho pensar. Una de las primeras cosas que me hizo entender mejor fue la afirmación que la violencia sexual no está relacionada realmente con el sexo, sino con el poder y el abuso de poder. Así entendí mejor por qué me llamaba tanto la atención. Hay otras experiencias de mi vida que no tienen nada que ver con la violencia sexual, pero sí con el abuso de poder y eso sí podía entenderlo bien. Después de las primeras reacciones de sorpresa, horror, dolor, después que el intenso deseo de sanarla de alguna forma se hizo soportable, empecé a relacionar su experiencia con otros relatos que me son familiares y que constituyen para mí una clave para entender el mundo, para tener algunas respuestas propias a las grandes preguntas de por qué y sobretodo para qué existen la muerte y el sufrimiento. Las similitudes en las vivencias de sufrimiento y en las respuestas se hicieron evidentes, y una historia sirvió para ahondar en el sentido de la otra. La historia central a la que me refiero es la historia de la Pasión de Cristo, que es mi clave para entender, la perspectiva desde la que yo miro el mundo. La prostituta, como Cristo, es una persona, con toda la dignidad de ser persona humana (eso jamás se pierde no importa lo que uno haga), que se encuentra en una situación de sufrimiento terrible. Ninguno de los dos “se lo ha buscado” porque ¿Acaso alguien puede buscar el sufrimiento para sí, a no ser que esté gravemente enfermo y desee autoagredirse?. Simplemente están ahí, soportando el dolor físico, pero sobretodo el sufrimiento de ser agredidos sin ninguna posibilidad de defenderse, sin nadie que tome partido por ellos, en la soledad más atroz, y, por si fuera poco, en medio de las burlas y el desprecio de quienes los rodean. Todos los dolores son más soportables cuando podemos compartirlos con alguien, cuando hay una cara familiar y amistosa cerca. No había caras amistosas cerca de la cruz de Jesús, salvo por su madre y un amigo. Pero había una ola de gente burlándose de Cristo y gozando con su sufrimiento. Tampoco hay caras amistosas cerca de las prostitutas, sólo caras interesadas en lo que pueden conseguir o caras despreciativas, listas para burlarse. Y sí hay mucha gente cerca de ellas que goza cuando sufren, que lo encuentra justo o aún excitante. También los contemporáneos de Jesús encontraron justo que se le torturara hasta la muerte. Muchas personas lo disfrutaron, se congregaron para observar el espectáculo. Para mí, las prostitutas de hoy están colgadas de la misma cruz en la que estuvo Jesucristo, hace ya tantos años. Para todos los que nos decimos cristianos, esto deberia ser un fuerte llamado de atención a no perder lo esencial: la Voluntad de Dios se realiza cuando nos volvemos más humanos . . . y nos volvemos más humanos cuando somos capaces de mirar al otro, a cualquier otro, a los ojos y sentir que en realidad su dolor no nos es ajeno, que también podemos sentirlo, que su dolor es nuestro dolor y que el mundo no puede ser un lugar bueno para vivir mientras haya personas que sufran sin consuelo. Y para los que no son o no se sienten cristianos, la historia de Jesús es la de un torturado que nos permite comprender mejor a todos los torturados, tanto a aquéllos que llaman nuestra atención, como a aquellos que ya sentimos parte del paisaje. Como las prostitutas. Qué horror decir que una persona sometida sistemáticamente a tortura es parte del paisaje. Pero es así. Quizá el paralelo entre Cristo y las prostitutas tiene la gracia de mirar la historia de ellas desde un punto de vista más liberado de la estigmatización que ellas sufren. Después de todo, la figura de Cristo se ha mistificado con el paso de los siglos. Cuando los evangelios dicen que Cristo tomó sobre sí nuestros pecados yo me doy cuenta que lo mismo puede decirse de las prostitutas aunque ellas lo hagan sin saberlo, involuntariamente: ellas toman sobre sí los pecados de los demás, la violencia que las personas no se atreven a descargar en otros, la irresponsabilidad, la incapacidad de gobernarse a sí mismo de muchos, la incapacidad de sacar lo mejor de mí, lo mejor y no lo peor al relacionarme con el otro. Toman sobre sí nuestra falta de respeto por los seres humanos como sociedad, nuestra ansia de discriminar, de creer que somos “superiores” porque hay alguien a quien creemos poder llamar “inferior”. Nuestra incapacidad de construir un mundo donde todos los seres que lo habitan, absolutamente todos, puedan ser felices y dar y recibir lo mejor que trajeron al mundo.
Mi padre solía decir que la prostitución era “la profesión más antigua del mundo”. Esa frase ahora me hace pensar que desde el principio del mundo hemos tenido estas relaciones fracturadas, marcadas por el abuso de poder, donde siempre debe haber un grupo de personas dispuestas a recibir la la descarga de violencia de otros, llenando así una función horrible, pero considerada “necesaria”. Así, la prostitución ha existido en todas las épocas y en todas las culturas, tan lejos como podemos recordar. Sin embargo, la necesidad de abusar de otro, aunque sea dentro de un marco comercial, es indicativo de relaciones humanas en las que imperan el miedo y la ira. Y siento que eso no es deseable para nosotros como sociedad. Y, entonces, como no lo queremos, podemos cambiarlo, terminar ese tipo de relaciones, reemplazarlas por relaciones humanas basadas en el respeto, la paz que nace de la genuina aceptación del otro, como el otro es. Cuando nuestro modo de relacionarnos entre nosotros, seres humanos, y también con los animales y la naturaleza, no incluya miedo ni rabia, habrá desaparecido la necesidad de abusar. Entonces la prostitución será, por fin, un mal recuerdo del pasado.
